lunes, 23 de marzo de 2009

Olvidando el recuerdo

Dos instantáneas en blanco y negro sobre la mesa del salón. En una un hombre con traje de rayas y camisa blanca sostiene a un niño en brazos, en la otra un joven descansa en un puerto apoyado en un barco pesquero. Cojo la primera, la miro, la toco, la vuelvo a mirar. Cojo la segunda, repitiendo las mismas acciones que con la primera, pero deteniéndome un poco más en inspeccionar el lugar donde está sacada. Nada. Todo parece cuadrar y nada concuerda a la vez en mi cabeza. Nada. Puedo imaginarme una historia entorno al primer hombre, tiene un hijo, ha vivido mucho, carece de estudios y es hombre de labranza, su mujer murió joven al dar a luz al retoño. Puedo imaginarme tantas cosas y ninguna es tan nítida como debería serlo. La segunda instantánea me crea imágenes del mar, de la brisa, del olor a salitre, del ruido de un pueblo pesquero. Tampoco esto ayuda, son solo historias que varían depende el día en que las observe. Quisiera mirarlas y decantarme por una de ellas, quisiera poder verme reflejado en cualquiera de las dos, pero en vez de eso, cada vez me parece más lejana cualquier historia real. Hace tiempo que dejé de reconocerme en el reflejo del espejo y más aun que dejé de poder firmar en documentos oficiales. Ni siquiera tengo el lujo de tener un recuerdo borroso o una carta donde ponga como fue mi vida o quien me rodeaba entonces. A la gente como yo no se la tiene en cuenta porque ni yo lo hago, a la gente como yo no se la quiere porque no hay una persona que querer, a la gente como yo se le hace invisible, a la gente como yo se la estanca en el olvido.

miércoles, 18 de febrero de 2009

El control de lo incontrolable

Muchos son los que han creído que sentimientos y expresiones estaban determinados culturalmente. Muchos los que unían sentimientos con respuestas a reacciones afectivas aprendidas y otros tantos los que creían que las expresiones variaban según la identidad cultural. A lo largo de los años, muchos otros han sido los que han demostrado que dichas expresiones, florecen a raíz de un sentimiento, de forma universal.

Paul Ekman (1934), fue más allá aún y creo un vinculo entre los sentimientos y la expresión facial, denominando a esta última "aspecto social de los adentros". Intento demostrar que los sentimientos y las expresiones que estos conllevan, van más allá de un ente cultural viajando a un lugar en el que sobrevivía una tribu nómada. Tras tiempo dedicado al estudio de sus reacciones expresivas, plasmó mediante fotografías expresiones faciales idénticas a las de cualquier otro lugar sin haber tenido ellos contacto con ninguna otra cultura. Con ello, quedo claramente demostrada la autenticidad de los sentimientos y expresiones y muchos fueron los que tuvieron que acallar opiniones anteriores.

Personalmente no creo que las expresiones sean determinadas culturalmente y tampoco creo que sigamos el ejemplo de nadie al exteriorizarlas. Creo que sería injusto pensar eso, ya que son muchas las razones que nos hacen demostrar todo eso. Todas esas razones, diferentes una a la otra y cada cual más intensa que la anterior, se merecen un sentimiento diferente y único, no uno que haya sido aprendido con anterioridad o haya sido determinado por alguna razón en especial.

Sé que es cierto, que por pura supervivencia el ser humano ha ido adoptando ciertas pautas de socialización y que por pura rutina, establece esas pautas como sentimientos propios. Hace poco leí que solo hay una sonrisa verdadera y que el resto, son simplemente gestos de cortesía. Esta sonrisa es denominada la sonrisa de Duchenne y sus características están minuciosamente determinadas:

- La comisura de los labios se desplaza hacia arriba.
- Los párpados se entrecierran un poco.
- Aparecen arrugas radiales alrededor del rabillo del ojo.
- La parte superior del pómulo se eleva ligeramente.


Duchenne, emuló dicha sonrisa mediante pequeñas descargas eléctricas para determinar el estado exacto de tal expresión. Dicen que algunos actores son capaces de dominar tanto sus expresiones que son capaces de imitarla a la perfección en el momento menos esperado. No les pasa lo mismo al resto de los mortales, ya que solo el 10% es capaz de dominar sus expresiones y mostrar una autentica sonrisa Duchenne artificialmente.

Da miedo pensar que solo haya una sonrisa autentica, pues el hecho de ponerme a pensar cuantas veces habré recibido sonrisas "no autenticas" puede ser muy duro. Prefiero quedarme con el consuelo de que solo el 10% es capaz de falsificar una sonrisa Duchenne y que por lo menos las pocas que he recibido siguiendo esas características han sido reales.